Por qué establecerse en Roma
Roma es demasiado para abarcar en una sola visita — y ese es precisamente el objetivo. Tres mil años de vida urbana continua se han acumulado sobre estas siete colinas, y cada calle oculta algo extraordinario. Comienza con el trío imprescindible: el Coliseo (el anfiteatro más grande jamás construido, con capacidad para 50.000–80.000 espectadores para combates de gladiadores desde el año 80 d.C.), el cercano Foro Romano (el corazón político y comercial de la República y el Imperio Romano), y el Monte Palatino (el lugar de nacimiento de la ciudad, donde, según la tradición, Rómulo fundó Roma en el 753 a.C.). El Panteón — un templo con cúpula del siglo II aún en uso continuo como iglesia, con su óculo de 9 metros al cielo — es aún más impresionante de lo que sugieren las fotos. Cruza el Tíber hasta la Ciudad del Vaticano para visitar la Basílica de San Pedro y la Capilla Sixtina; lanza una moneda en la Fontana di Trevi al amanecer antes de que lleguen las multitudes; prueba la carbonara, el cacio e pepe y la amatriciana en trattorias de Testaccio o Trastevere (los tres clásicos locales de pasta romana, todos por menos de 15€). El arte es inagotable: Caravaggios en tres iglesias romanas solamente, la Galleria Borghese (reserva con meses de antelación) y el espectacular y moderno MAXXI de Zaha Hadid para obras contemporáneas. Pasea a pie por todas partes: la ciudad sólo se entrega de verdad caminando.